lunes, 31 de marzo de 2014

"Sólo quien vive, quien realmente vive, no tendrá miedo de perder la vida y enfrentar la gran aventura de estar muerto"... porque, "no creo en la muerte ni el final"

Hay un libro que desde hace dos años leo a pedazos, o mejor dicho a cuentos, recurrentemente, esto porque desde la primera vez que lo leí me encantaron casi todos los cuentos. Lo chistoso de todo es que es un libro que me regalaron. Venía en el paquete de regalo que me entregaron por haber participado con una ponencia en el X CONEL de la Universidad de Yucatán, en Mérida.
Aunque no era mi primera ponencia, sí era mi primer paquete de libros, en las otras dos que hice sólo me dieron las gracias, no reprocho esto, sólo lo menciono porque había escuchado a varios decir que la veces que regalaban libros en los distintos congresos, eran libros muy poco leíbles, o bueno, aburridos, para dejarnos de diplomacias. Aunque hay que aclarar con esa misma diplomacia que son aburridos sólo para quienes no les interesan los temas que tratan.
Y dije "lo chistoso de todo es que..." porque a sabiendas de estos chismes consideré que los libros del paquete que me dieron, después de mi nerviosa participación, iban a ser así, aburridos. Pero me llevé una gran sorpresa al ver que sólo la mitad o menos de la mitad lo fueron, para mí, aclaro, recordando la diplomacia mencionada antes.
Del que estoy escribiendo en esta entrada es del que más me gustó, y me sigue gustando tanto que creo que esta en mi top 5 o por lo menos top 10 (no tengo ánimos de ponerme a hacer el top justo ahora) de libros, aunque sé que he leído realmente muy poco en el cuarto de siglo más año que tengo.
Desde el principio el libro llamó mi atención sobre los demás, porque en la portada se ve la silueta de un dinosaurio (siempre me han gustado los dinosaurios), eso me hizo apartarlo para leer su título: Las siete formas del combate. El escritor es yucateco, se llama Miguel Ángel Civeira.
Quise escribir sobre mi afición al libro porque al recordar la entrada pasada, en la que relacionaba un libro con una canción mientras escuchaba música, me acordé de una canción de Santa Sabina, la puse en reproducción y al empezar a escuchar la letra recordé el cuento que hacía poco más de una semana había leído otra vez. Tanto el cuento como la canción me encantan.
Lo que más relaciono entre el cuento ¿Quién Vive? y la canción El Ángel es la "no creencia en la muerte", por un lado en la canción, Rita Guerrero menciona el hecho de no creer "en la muerte ni el final" y estos miedos los atribuye indirectamente a aquellos que tienen prisa por vivir, que no se toman el tiempo suficiente para vivir más allá de sus prisas y la soledad a la que lleva esta. Este "miedo a morir" que ella tuvo y superó según lo relata en su canción, me atrevería a decir lo vivió en su máxima expresión a través de los años que enfrentó a esa terrible enfermedad que es el cáncer, la cual se llevó su vida, sin llevarse su esencia. Nos sobrevive en la mente su voz, y sus grandiosas letras.
Por su lado Míguel Ángel Civeira en los últimos parrafos de su cuento deja pensando a los que lo leemos acerca de si realmente estamos viviendo como quisiéramos vivir, al escribir: "Sólo los muertos temen perder lo que creen que es vida, sin darse cuenta que después de la muerte, de una falsa muerte, su falsa vida seguirá siendo exactamente igual. Sólo quien vive, quien realmente vive, no tendrá miedo de perder la vida y enfrentar la gran aventura de estar muerto"
Estas dos creaciones, cada que me acerco a ellas me hacen valorar y animarme a luchar por lo que quiero, cosa que últimamente tengo que estarme recordando para no perder camino.

domingo, 16 de marzo de 2014

El día en que apagaron la luz...

Casi cumplo otra vez el mes sin escribir nada por acá. En parte porque no sabía que escribir, así que escribiré lo que se me viene a la mente.
Sigo pensando en último libro que leí.
Ya había leído con anterioridad un libro de Julio Martíez Rios, el de Arde la calle!, que me prestó mi primo Chuy (y que me apena decir que aún no le regresó) sólo que este libro es de investigación, aunque no de corte académico sino más informal, según mi perspectiva.
Sea lo que sea está muy bueno y entretenido ese libro, lo recomiendo, ya que habla un poco de la historia de cada grupo o subcultura como el los llama, y también aborda la música que identifica a ese grupo, cosa que no se le dificulta ya que es un conocedor en cuanto a música.
Pues bien, vayamos al tema central: A finales del año pasado recién vio la luz la que es su primera novela. Lleva por nombre Yo soy Constantinopla. El principio me pareció tan incierto como el titulo de la novela. Tarde tres o cuatro capítulos en agarrarle la onda, pero en cuanto lo hice me clavé en la lectura.
La verdad está algo viajadón, pero muy interesante, de hecho cada que dormía en los días que estuve leyendo el libro sentía que lo que estaba leyendo en la vida real, en realidad había sido un sueño; y la emoción fue tal que desde antes de acabar de leer ellibro, yo ya estaba imaginando finales deseados para las dos historias que se desarrollan en la novela, eso siempre se agradece de un cuento o novela.
El final es tan incierto como el comienzo, me quedé con ganas de saber más sobre lo acontecido, con ganas de saber bien qué pasó a ciencia cierta en el desarrollo de las historias, también me quedé con ganas de casi meterme a las historias y sentir yo mismo, vivir yo mismo lo que los protagonistas vivieron. 
Las historias me dejaron con algunas dudas, sin embargo casi siempre se entienden más cosas en la segunda leída, auqnue por lo pronto no está en mis planes una segunda vez para este libro, espero pronto poder leerlo nuevamente, depende de si la tesis me deja algún chancecito libre para hacerlo porque ahora sí le estoy dedicando un poquito más de tiempo a ese monstruo que poco a poco me da menos miedo.
Por el momento, como ya dije, no dejo de recordar esta novela de Julio, ya sea por una cosa o por otra. Lo que más recientemente me trajo a la memoria el libro fue una canción de Sui Generis escrita y cantada por Charly García. La canción se llama El día que apagaron la luz, y me recordó al libro porque en un pasaje, en el que el mundo (chilango) se detiene para darle paso a un fenómeno nunca antes visto y sentido, y todo esto fue provocado por un par de canciones. El poder de la música.
En sí la canción de Charly me gustó desde la primera vez que la escuché hace tiempo ya, por su letra (ah que buena letra) y su música, pero ahora que salió en aleatorio en días recientes, ni la novela ni la canción han salido de mi mente.
Es lo que hacen los libros y la música, hacen volar la imaginación, viajar lejos, lejos de aquí....