Algo raro pasa con mi percepción
del mundo. Creo que tengo una forma de predecir sin querer lo que en un futuro
inmediato estará en apogeo.
Sí sé que se oye raro y
mamila, pero así lo siento, siempre que pongo mi atención en algo aunque tenga
años o décadas que ya nadie le pusiera atención, de repente parece que a toda
la gente le interesa y se pone de moda. Y no lo digo porque crea que la gente
hace las cosas por que las ve en mí o algo así, al contrario, soy bien
antisocial y nadie puede tener de mí algo que yo no me permita darle.
El caso más reciente es el
skate, antes de que me decidiera por este tema para mi tesis hace como dos o
tres años no veía la cantidad de chamacos con sus patinetas en las calles,
incluso salieron antes que las “tradicionales” de cuatro ruedas las de dos
ruedas que exigen un movimiento de cadera para avanzar.
A esta faculta de
adelantarme o ver el futuro inmediato supuestamente de las modas, está otro
hecho que seguramente a casi todos o la mayoría nos pasa, el de ver en todos
lados referencias a lo que nos pasa en el presente.
Y es que en días recientes me
la he pasado leyendo y escuchando en todas partes cosas sobre el amor, aunque
bueno, pensándolo bien las cosas del amor siempre están en boga. Aún así tenía
mucho sin leer y escuchar tanto sobre esto, y es que me la he pasado recordando
y meditando lo que me ha dado este sentimiento tan poderoso.
La conclusión de esto -bastante
obvia para muchos, incluso para mí, pero de la que raramente no había caído en
cuenta de esto- es que nos puede ir bien o mal en el amor, pero con la música
no sería lo mismo, ya que esta y la lectura ayudan bastante a intensificar ese
sabor dulce o amargo que nos da este sentimiento.
Son aportes diferentes, el
de la música es más personal en cuanto a que es tu vivencia a partir de la del
compositor la que vives, haces tuya la música. Y bueno, la lectura tiene una línea
mucho más definida en sí que la música, el autor de una novela hace vivir a los
personajes, y nosotros no nos apropiamos de esa vida como lo hacemos con la
música, sino que nos identificamos con la vida, la vivimos, al igual que con la
música, pero la diferencia es que la vivimos desde la vida del personaje o
personajes, no de la nuestra propia como la música. Espero darme a entender.
Lo que me hizo escribir esto
es precisamente la fuerza que siento de la música y la literatura en estos días
sobre mí. Sobre todo vivir e identificarme con las formas de sufrir o gozar el
amor desde los personajes y las canciones es grandioso.
Cómo siempre acompaño mis
entradas con videos musicales, en esta ocasión se unirán la música y la
literatura aquí, la canción Macondo, que me gusta mucho por su música y
musicalización, y porque el libro del gran Gabo que se nos acaba de ir Cien
años de soledad es de esos que me hacen sufrir y gozar el amor como lo he hecho
en mi vida.
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